Tuesday, February 1, 2011

"Changeling": La lucha de una madre y el crimen mas horrendo


En los últimos veinte y tantos años se han estrenado decenas de documentales y películas dramáticas sobre la aplicación de la desaparición como estrategia de represión en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil (menciono los países de mayor producción cinematográfica afectados por el Plan Cóndor). Organizaciones como Las Madres y Las Abuelas de Plaza de Mayo reclaman aún hoy la aparición con vida de sus hijos y nietos. Tan sólo el mes pasado, el genocida Jorge R. Videla fue sentenciado por haber sido encontrado culpable del robo de bebés y deberá cumplir su condena en una cárcel común.
Las dictaduras militares, con la aplicación sistemática del terrorismo de estado, erosionaron nuestras instituciones cívicas. Pero gracias a los familiares de las víctimas, y algunos sobrevivientes, los principios de los derechos humanos se han vuelto a instalar en el centro del discurso público. El cine latinoamericano ha jugado un papel primordial en la investigación y documentación de estos traumáticos sucesos. Es grato descubrir que otras industrias cinematográficas invierten parte de su presupuesto en volcar a la pantalla historias basadas en hechos reales que aluden al perverso fenómeno de las desapariciones.
Changeling, la nueva película de Clint Eastwood, está basada en uno de los juicios más famosos por corrupción contra la policía norteamericana a principios del siglo XX. Christine Collins (Angelina Jolie), empleada de la compañía de teléfonos, se ve obligada por razones de trabajo a dejar solo en casa a Walter, su hijo de nueve años. Cuando regresa del trabajo descubre que el niño ha desaparecido. Desesperada, Christine llama a la policía, que en vez de ayudarla intenta convencerla que el niño “está jugando por ahí” y que en cualquier momento regresará a la casa. Pero los días pasan y Walter no aparece.
El jefe de la policía de Los Angeles, James E. Davis (Colm Feore), para sacarse a la “histérica” de Christine de encima, pone al inescrupuloso Capitán J.J. Jones (Jeffrey Donovan) a cargo del caso. Jones no se le ocurre mejor idea que buscar a un niño abandonado para reemplazar a Walter, como si a una madre le diera lo mismo criar a un niño que a otro. Christine, para no despertar el rencor de la policía decide llevarse al impostor a su casa. Es así como empieza la misión de Christine, una mujer de clase media que se ve obligada a enfrentar al Departamento de Policía para averiguar qué es lo que le sucedió a su hijo.
En el transcurso de la película, Christine debe derrotar a sus enemigos pero también a sus indiciosos aliados. El capitán Jones intenta desacreditar a Collins acusándola de loca y con la cooperación de un equipo médico logra internarla en un manicomio. Esta es la peor parte de la película. Eastwood no logra encontrar ese delicado balance entre el cine de denuncia y el cine dramático. Estas secuencias terminan pareciéndose a una película de clase B.
De acuerdo a la estructura del guión, el enemigo más peligroso de Christine, sin olvidarnos del departamento de policía, es Gordon Stewart Nothcott. Northcott es un asesino serial, que tanto en Changeling como en la vida real, mutiló y enterró en su granja de Riverside a veinte menores. Conocemos los hechos, porque uno de chicos secuestrados logra escapar con la ayuda del hijo de Christine, a la que se la ve al final de la película haciendo llamados a las diferentes jefaturas para dar con el paradero de su hijo.
Entre sus aliados, Christine cuenta con el respaldo del sacerdote presbiteriano Gustav Briegleb (John Malcovich), un ególatra empecinado en denunciar la corrupción policial. Malcovich logra darle al personaje cierta profundidad emocional, pero el guión no le da la munición necesaria para esclarecer su obstinada dedicación a la justicia. Ybarra (Michael Kelly), el detective que logra apresar a Northcott y exponer su horrorosa cadena de crímenes, es otro de los aliados de Christine. Ybarra protagoniza la escena más conmovedora del Changeling, cuando indaga a primo del asesino y descubre su modus operandi. Eastwood revela en esta escena una extraordinaria sensibilidad para representara a una víctima desgarrada por el trauma de una serie de crímenes que fue obligado a cometer.
Changeling fue presentada con buenas críticas en el festival de Cannes en mayo, pero recién se estrenó la semana pasada en los Estados Unidos. Parece ser que este es el mes de las grandes producciones dramáticas, con esas actuaciones “inolvidables” que acaparan las nominaciones para el Oscar (Angelina Jolie en el caso de Changeling, y Sean Penn, en el caso de Milk). Durante los meses de octubre y noviembre los grandes estudios lanzan ese manojo de películas consideradas “difíciles de digerir” antes que se les venga en cima la temporada Navideña.
Changeling es una de estas películas serias y lo demuestra en una de las secuencias más escalofriantes de los últimos tiempos. Eastwood recrea sin tapujos la ejecución de Northcott. “Los crímenes contra los niños son los crímenes más espantosos”, señala Eastwood en una entrevista para el Los Angeles Times. “Creo que este tipo de crímenes encabezarían mi lista para justificar la implementación de la pena de muerte”.
Esta no es la primera película en la que Eastwood explora el tenebroso mundo del rapto y violación de menores. El eje emocional de Río Místico es la desaparición de Dave, el personaje que en su madurez encarna Tim Robbins. Eastwood transformó a la novela policial de Dennis Lehane en una profunda reflexión sobre el impacto que un crimen puede tener en un grupo de amigos.
En la misma entrevista Eastwood admite que es muy dificil adentrarse en el inconsciente de la víctima y determinar cuáles fueron los eventos que produjeron más daño. “Es muy difícil pensar en ello. Cuando estás haciendo una película, estás usando tu imaginación para captar cómo era el trauma…No tienes que ser una madre para sentirte afectado por esta historia. Nunca dejo de sorprenderme lo indiferente que puede ser la gente para con las víctimas de un crimen”.
En sus últimas películas Eastwood ha intentado desentrañar y analizar el impacto que crímenes violentos tienen en la sociedad. En Rio Místico, Cartas desde Iwo Jima y Banderas de nuestros padres, es difícil encontrar un personaje redimible. Todos caen víctimas de las ideologías homicidas que mamaron de niños. Changeling tiene una heroína y grupo de personajes moralmente sospechosos que la ayudan a denunciar el comportamiento mafioso de la policía. En las tres películas previas el espectador veía todo como desde afuera, asumiendo el “clásico rol de testigo de la historia”. Ésta estrategia funciona a la perfección en películas donde la representación del trauma se hace através de la exposición de los acontecimientos y no existe la menor intención de presentar el punto de vista de un individuo en particular. En Changeling el espectador debe aliniarse con la perspectiva de Christine pero Eastwood se rehusa a representar su subconsciente. Todo en Changeling es demasiado prolijo, inclusive los terribles desafíos a los que la heroína debe enfrentarse.
Quizás sea ingenuo de mi parte pensar que una película sobre la desaparición de un niño puede despertar el interés por las desapariciones en otros países. Changeling, a pesar de sus grandes limitaciones, es una contribución interesante a este canon de películas que exploran el trauma de este siniestro fenómeno. Por eso lamento que Eastwood, un director talentoso, haya reculado ante el desafío de internarse en la psicología de Christine. De cualquier manera, considero que debemos destacar su esfuerzo y el de su guionista J. Michael Straczynski para presentar a Christine como una mujer que luchó no sólo para recuperar a su hijo sino también para exponer la corrupción de la policía y la élite política de Los Angeles.